Acertar es una palabra que significa: atinar, dar en el blanco, descubrir.
Por otro lado, la palabra asertividad proviene del verbo latino asserere, assertum y significa afirmación, aseveración, confirmación.
En un contexto más apropiado, asertividad significa afirmarse y respaldarse a uno mismo. Representa la confianza, la autoestima y el aplomo que cada persona debe asumir ante toda situación en la vida.
Todo ser humano, debe manifestar una conducta asertiva para expresar adecuadamente cualquier emoción hacia los demás seres humanos. Todos somos libres emocionalmente hablando y debemos defender nuestros derechos, para lo cual, debemos:
Entender cuáles son esos derechos
Aplicarlos
Hacerlo dentro de un marco de respeto a los derechos de los demás.
Existe una relación muy estrecha entre asertividad y autoestima ya que cualquier persona mientras más defiende sus derechos y hace que otros también los respeten, en ese mismo grado, aumentará su autoestima.
Autoestima y asertividad son causa y efecto de sí mismas.
Cuando una persona es asertiva, hace valer sus derechos pero no lo hace a costa de los derechos de los demás. La asertividad no implica falta de sensibilidad hacia las necesidades y deseos de las personas con las que convivimos.
Todos nosotros requerimos aprender el arte de balancear nuestra asertividad con la sensibilidad y empatía hacia los demás. El aprendizaje implica que en cada interrelación con las personas que nos rodean debemos ser empáticos, escucharlas y entender que cada persona es única y diferente a las demás. También debemos entender y aceptar el hecho de que cada día cambiamos y por lo tanto, al reaccionar unos con otros, cada interacción producirá diferentes resultados. No se puede esperar siempre el mismo producto de la convivencia de las personas ya que cada individuo cambia a cada minuto de su existencia y cambia también el entorno donde se convive; por lo tanto, el producto de las interacciones humanas siempre va a ser diferente.
Heráclito decía que “ninguna persona puede bañarse dos veces en el mismo río”. No es la misma persona la que se baña ni son las mismas aguas las que corren por el río.
¿Por qué no somos asertivos?
Para poder sobrevivir, el ser humano, desde su aparición en la tierra, tuvo que escoger uno de estos dos caminos:
Huir y evadir
Luchar y agredir
Conforme se han desarrollado las distintas civilizaciones, el hombre ha venido incorporando otras acciones gracias a su capacidad divina de pensar que lo hacen diferente a los demás animales. Ahora ya puede escoger entre tres opciones:
Huir y evadir
Luchar y agredir o
Usar el lenguaje para ser asertivo.
En la vida actual se nos ha enseñado a no huir y también que “debemos ser valientes”. Se nos ha dicho que “no debemos llorar” y que debemos aguantar con los dientes apretados. También se nos ha dicho que es malo “tener arranques de ira” o que es malo “deprimirse” o mostrarse deprimido.
Cuando reaccionamos exclusivamente a través de los caminos de la huida o de la agresión nos sentimos mal, puesto que esos modos de comportamiento están asociados a las emociones primitivas del miedo o la ira, lo cual está mal visto en una sociedad ya civilizada. En un conflicto personal, al actuar bajo el impulso de la ira o el miedo, nos ponemos en desventaja ya que tenemos mayor probabilidad de “perder la batalla” que a su vez, nos conduce a la frustración, a la tristeza e inclusive, a la depresión. Por lo tanto, si queremos prevenir estas consecuencias deberemos aprender el tercer camino: el de la asertividad.
Fisiológica y psicológicamente estamos hechos para sentir emociones como el temor, la ira y la tristeza ya que así fue como nuestros primitivos ancestros las experimentaban y las expresaban y con ello lograron sobrevivir en condiciones muy difíciles.
En la actualidad, son mal vistas las personas presas de temor, ira o depresión. La sociedad nos enseña a actuar de un modo que “conviene” a los demás. Se juzga imposible mostrar emociones de cólera o ternura. A las personas se les permite hablar de lo que piensan pero no de lo que sienten.
Ahora bien, la asertividad nos enseña a ver las emociones como parte constitutiva de cada persona y nos enseña a hacer uso de ellas.
Los seres humanos, al nacer, poseemos una asertividad verbal que utilizamos constantemente; sin embargo, la vamos perdiendo por el camino de la vida. La primera acción independiente de un niño al nacer es el de protestar contra la forma agresiva en que se le trata. Esa protesta la manifiesta a través del llanto o pataleos y lo hace a cualquier hora del día o de la noche y en cualquier lugar sin importarle “lo que digan los demás”. Además, todos los niños son persistentes en sus protestas y se calman solamente cuando alguien los atiende. Cuando el niño ya gatea, hace lo que desea y causa destrozos por donde pasa y debido a ello es que los adultos han inventado cunas-prisión o andaderas para tratar de controlar el comportamiento resultante de la asertividad innata del infante. Cuando el niño comienza a hablar, lo primero que aprende es a decir ¡NO!; sin embargo, debido a la falta de argumentos adecuados de parte de los adultos, se han inventado leyes con las que se “socializa” o aprisiona al niño. El control físico que padecía el niño con las cunas-prisión pasa a ser control psicológico ya que los adultos constantemente le dicen: “Diosito quiere a los niños buenos”; “No debes ser tan preguntón”; “A tus mayores siempre debes respetarlos” (aunque ellos no te respeten), etcétera.
El control psicológico con el que se aprisiona al niño posee características cuyos daños son más duraderos. Poco a poco, al niño se le va enseñando o programando a ser aprensivo e ignorante y a ser presa de la ansiedad y la culpabilidad. Ese adiestramiento lo llevan a cabo los padres con sus hijos porque así lo hicieron sus respectivos padres con ellos. Esas es la herencia anti-asertiva que nos vamos legando de una generación a otra.
El adiestramiento emocional funciona más o menos de la siguiente manera: cuando el niño cumple con las tareas del hogar o los trabajos escolares, se le dice, “muy bien”; pero cuando no lo hace así, se le dice, “eres un niño malo” (eso le acarrea la sensación de culpabilidad). Por otro lado, al niño no se le permite cometer errores, por lo tanto, a la menor falla se le recrimina diciéndole, “torpe”, “ignorante”, y en esos calificativos lo vamos encasillando. Al niño también se le adiestra para estar ansioso debido a la gran cantidad de normas que la sociedad ha impuesto: normas familiares, de urbanidad, escolares, religiosas, políticas, etc. Hay tantas que el niño realmente no sabe o no quiere dar un paso por temor a cometer infracciones a dichas leyes.
Por otro lado, también existe un tema muy difícil de afrontar que es el de la asertividad femenina. El tema es difícil porque hemos vivido en una sociedad que se ha construido con premisas injustas que han relegado a las mujeres a ejercer siempre un papel secundario y subordinado a los intereses de los varones. De esto, tenemos evidencias escritas en los Libros en que se fundamentan la mayoría de las civilizaciones que han existido desde hace miles de años. Esas premisas han sido fortalecidas por religiosos, científicos, poetas, escritores, psicólogos y por muchos hombres que, al poseer la pluma y el papel, la cátedra en las escuelas y universidades o la tribuna política, han sido los que “han escrito la historia”. En este caso, los que escriben la historia son los vencedores y éstos han sido los varones que no han dado muchos papeles protagónicos a las mujeres o ellas no han sabido ganárselos. En consecuencia, los derechos de las mujeres no se han respetado en el mismo grado que en el de los hombres; por lo tanto, la asertividad femenina no se ha fortalecido.
Volviendo a la pregunta inicial, ¿por qué no somos asertivos? Cada uno de nosotros hemos tenido diferente historia y poseemos diferentes causas de nuestra asertividad o de la falta de ella. Cada uno de nosotros somos responsables de sacar conclusiones y hacer algo al respecto.
Un posible camino de acción es: entender primero lo que significa la asertividad; saber cómo mejorarla y actuar en consecuencia para obtener la habilidad y el arte de ser asertivos para convivir mejor con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.
¿Por qué es tan importante la asertividad?
En las últimas décadas han ocurrido cambios culturales muy profundos que están obligando a que la sociedad valore más la productividad y competitividad de los individuos dentro de las organizaciones para que a su vez se obtenga la competitividad y supervivencia de las empresas.
Se requiere asertividad para negociar en todo tipo de transacciones no solo empresariales sino también en las negociaciones afectivas, políticas y familiares; con los clientes y con los proveedores, para señalar solo algunas. Se requiere asertividad en todo tipo de comunicación y convivencia donde, cualquier falla en el proceso de comunicación, hará caer en conflictos que de no manejarse asertivamente, nos puede llevar a dañar gravemente nuestra convivencia con los demás. En este mundo globalizado, la asertividad ha cobrado una importancia crucial en la transformación de las personas y de las organizaciones.
Características de las personas asertivas:
Son proactivas y tienen un plan personal de vida con objetivos claros; se hacen responsables de que las cosas sucedan y no culpan a los demás por sus errores o su falta de acción.
En todas sus interrelaciones con los demás, demuestran una actitud de ganar-ganar. No son egoístas.
Saben comunicarse con todo tipo de personas. Poseen apertura y tolerancia. Saben escuchar cuando los demás les mencionan sus fallas.
Conocen sus fortalezas y entienden sus limitaciones y luchan por superarlas.
Se comunican usando frases como: “yo quiero”, “yo siento”. Usan de manera deliberada y acentuada el pronombre en primera persona: “Yo hice…”, “Me gusta ….”, “A mí me …..”. No se escudan hablando en plural: “Sentimos que…” “Dijimos…..”
Saben aceptar o rechazar con delicadeza y fortaleza a las personas que se mueven en su mundo emocional.
Expresan sus sentimientos oportunamente. Saben llorar, reír y gozar de la vida.
Son personas “directas”, saben “ir al grano”. Saben halagar, admirar y reprobar comportamientos ajenos.
Son personas sencillas y sinceras. Dicen Si cuando es si y No cuando es no.
Saben controlar la ansiedad y los temores.
Saben pedir favores sin disminuir su dignidad. Saben negarse cuando es necesario y saben aceptar los desaires dignamente.
Algunas características de las personas no asertivas:
Son demasiado complacientes con los demás porque temen ofenderlos.
Consideran que los derechos ajenos son más importantes que los propios.
Se muestran tímidos ante los superiores de rango o ante representantes de alguna autoridad. Se muestran demasiado altaneros ante personas de rango o autoridad inferior.
Fácilmente se sienten ofendidos por lo que dicen o hacen los demás.
Toman las discusiones como campos de batalla donde solo hay ganadores y perdedores. Consideran que ceder significa perder.
Esperan que los que los rodean les adivinen el pensamiento y se molestan cuando necesitan algo y los demás no les responden.
No toman decisiones y sufren dependencia de otras personas para que les solucionen sus problemas.
Dan muchas explicaciones y justificaciones de lo que hacen o dejan de hacer.
Permiten que otros los dominen y les dan siempre la razón. No hacen valer su voz ni su voto.
No son capaces de entablar relaciones afectivas íntimas.
Permiten que otros los involucren en situaciones que no son de su agrado.
Son pasivos e indecisos y permiten que los desplacen.
Cuando se comunican, no son abiertos ni oportunos; son superficiales al decir sus sentimientos.
No mantienen contacto visual con sus interlocutores.
Se muestran inseguros en sus pláticas con personas de otro género.
No confrontan situaciones desagradables.
Muestran comportamientos como: siempre querer tener la razón; se enojan con suma facilidad; quieren ser o tener más que los demás; tienen dificultad para aceptar errores; intolerancia con las personas con las que no concuerdan; conductas defensivas exageradas; tendencia a calificar o etiquetar a los demás; hacer burlas hirientes y repetidas con insistencia.
jueves, 17 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
El Pensamiento Lateral
Desde hace muchos siglos, los seres humanos hemos desarrollado una forma de pensamiento lógica, secuencial y hasta cierto punto, predecible y encajonada. A esta forma de pensar que ya es tradicional, también se le ha llamado “lineal” o “vertical”. Por otro lado, en los últimos años, se ha analizado otra forma de pensar a la que se llama: pensamiento lateral, la cual puede ser de mucha ayuda porque complementa al pensamiento tradicional y lo hace ser más efectivo. En comparación con el pensamiento tradicional, el pensamiento lateral es una forma netamente antilógica que ayuda a utilizar consciente y deliberadamente la perspicacia y nuestra intuición.
Quiero citar un ejemplo de esta forma de pensar y es del gran escritor argentino Joaquín Salvador Lavado (Quino) quien nos regaló la siguiente reflexión:
¡LA VIDA DEBERÍA SER AL REVÉS!
Se debería empezar muriendo y así ese trauma quedaría superado.
Luego te despiertas en un Hogar para Ancianos y vas mejorando cada día.
Después te echan de ese lugar porque ya estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión.
Luego, en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro.
Después, trabajas 40 años hasta que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral.
Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo, no tienes problemas graves y te preparas para empezar a estudiar.
Luego empiezas el colegio, jugando con tus amigos, sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé.
Y los últimos 9 meses te la pasas flotando tranquilo, con calefacción central, alimentos gratis, etc. etc.
Y al final………..… ¡Abandonas este mundo en un orgasmo!
Como vemos en el ejemplo anterior, muchas de las soluciones a nuestros problemas pueden venir precisamente en sentido opuesto a lo que nos dice la lógica o el sentido común. Ahora bien, para ser buenos utilizando este tipo de pensamiento, debemos estar atentos para no descartar las soluciones simplemente por no apegarse a la forma tradicional de pensar.
Se cuenta una anécdota que ocurrió hace algunos años en la Ciudad de México. Unos políticos trajeron a Edward de Bono, originador del concepto del pensamiento lateral, para que los asesorara a resolver el problema de la falta de vías de comunicación amplias. Pidió que lo llevaran por una de ellas, que es El Viaducto Miguel Alemán, y al siguiente día ya tenía la respuesta al problema. Antes de darles la solución, pidió que le pagaran, (por aquello de la mala fama), lo cual hicieron los que lo contrataron y él les dio la solución. Les dijo que con su respuesta, el Viaducto incrementaría en 50 % su capacidad. La solución que les dio fue: “incrementar un carril más al Viaducto”. Desde entonces, dicha vía tiene tres carriles y el señor De Bono se llevó una buena cantidad de pesos por su recomendación.
Como vemos en este ejemplo, muchas de las soluciones a los problemas están a la vista de todos, pero hay que ver el mundo de manera diferente y encontrar respuestas aunque sean ilógicas.
Características del pensamiento lateral.
Podemos enriquecer nuestros métodos para resolver problemas en la vida si aplicamos dos fases: la primera, la del pensamiento lateral, como una forma de usar la información, las sensaciones y los estímulos que llegan a la mente para mezclarlos y generar muchas ideas y conceptos que puedan parecer descabellados. En la segunda fase, se “doman” y pulen las ideas locas y se analizan desde una perspectiva racional y lógica.
En la fase de pensamiento lateral, no debemos usar dogmas o reglas del pensamiento lógico; no debemos acatar las creencias de las “formas tradicionales” o de los caminos únicos para resolver las situaciones. Cuando pensemos “lateralmente”, debemos seguir una dirección diferente a la que siguen las personas por el camino lógico-vertical. El pensamiento lateral tiene como objetivo generar nuevas ideas y nuevos caminos para ver las cosas. También contribuye a liberar la mente del efecto restrictivo de las ideas y modelos anticuados que ya están muy arraigados en los canales cerebrales y, por lo tanto, dificultan la manera de pensar más creativamente.
Otra de las finalidades de esta forma de pensamiento es buscar deliberadamente los enfoques menos obvios para solucionar problemas y retos; busca incluso los enfoques que vayan en sentido exactamente opuesto a lo que dicte la lógica o el sentido común. También busca que las personas se acostumbren a generar antes que nada una gran cantidad de caminos alternativos de solución en lugar de lo que comúnmente se hace ya como hábito: seguir por el primer camino que se vislumbra, el cual por flojera se ve como el más lógico o fácil.
Para poner en práctica el pensamiento lateral hay que considerar o aplicar procesos mentales donde intervengan la perspicacia, el humor, el ingenio, los chistes, incluso el vocabulario de “doble sentido” o los albures, entre otros. También es recomendable usar muchas metáforas, analogías, anécdotas, parábolas, fábulas, etcétera. A este respecto, los mexicanos nos pintamos solos y tenemos muchos ejemplos de personas que nos regalan frases, dichos y formas de pensar que son ejemplo del pensamiento lateral.
A continuación se citan algunas frases del libro: Armando Hoyos (del comediante Eugenio Derbez):
• Si el hombre que no trabaja se hace buey…. El buey que no trabaja, ¿se hace hombre?
• Si el lobo se comió a la abuelita…. ¿Caperucita pasa a ser su nieta?
• Si el pitcher te poncha….. ¿te casas con él?
• El padrino ….. ¿le bautizó el chiquito a la comadre?
• El amor en la familia…. ¿se da en el padre? ¿o se da en la madre?
También tenemos ejemplos de la obra de Ramón Durón Ruiz: El Filósofo de Güemez (Güemez es una población cercana a Ciudad Victoria, Tamaulipas):
“Nada es estable en la vida
porque todito es pintado,
nomás lo pendejo es firme
y nace sin ser sembrado”.
• Pa’que el barco flote….. a fuerza tiene que estar en agua.
• Cuando hay…. hay; cuando no hay…. no hay.
• El que se chingó………. se chingó.
• Tarde…… pero sin sueño.
• Si dos perros van siguiendo una liebre, y el de adelante no la alcanza….. el de atrás menos.
• Si no llueve pa’l día último de este mes……... ya no llovió este mes.
• El que anda de buenas…….. no puede andar de malas….
• Se está muriendo mucha gente que no se había muerto antes…
• Si dos montan un caballo,……. de seguro uno va atrás.
Vemos en los ejemplos anteriores muchas ideas que forman parte del vocabulario popular y que representan nuestra forma de pensar lateralmente y que, ante todo, poseen la picardía y el ingenio de mucha gente.
¿Cómo podemos aplicar esta forma de pensar de una manera más productiva para nosotros?
Quiero finalizar con dos sencillas recomendaciones para aplicarlas cuando nos enfrentemos ante problemas que aparentemente son difíciles de resolver: primero, hay que aclarar perfectamente el nombre del problema y de ser posible, ponerlo por escrito. En segundo lugar, debemos de escribir muchas soluciones que vayan en sentido contrario a la lógica de las cosas, es decir, tratar de “empeorar” dicho problema y cuando ya tengamos muchas de estas respuestas, podremos encontrar alguna que nos sugiera alguna solución definitiva al problema que enfrentamos. Vamos a suponer que ya tenemos escrito el nombre del problema que queremos resolver: “Nuestra ciudad (Yurécuaro), no tiene presupuesto para construir su Museo Municipal”. Entonces para empezar a generar ideas de solución a alguien se le ocurre la primera forma de “empeorar el problema” y que es:
a). “Gastar en una fiesta el poco dinero que ya se ha reunido…”
b)……..
c)………….
Estimado lector ¿a usted se le ocurre alguna forma de “empeorar el problema”?.
Si la tiene por favor mándenosla a: cazadordelaverdad@hotmail.com
Quiero citar un ejemplo de esta forma de pensar y es del gran escritor argentino Joaquín Salvador Lavado (Quino) quien nos regaló la siguiente reflexión:
¡LA VIDA DEBERÍA SER AL REVÉS!
Se debería empezar muriendo y así ese trauma quedaría superado.
Luego te despiertas en un Hogar para Ancianos y vas mejorando cada día.
Después te echan de ese lugar porque ya estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión.
Luego, en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro.
Después, trabajas 40 años hasta que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral.
Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo, no tienes problemas graves y te preparas para empezar a estudiar.
Luego empiezas el colegio, jugando con tus amigos, sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé.
Y los últimos 9 meses te la pasas flotando tranquilo, con calefacción central, alimentos gratis, etc. etc.
Y al final………..… ¡Abandonas este mundo en un orgasmo!
Como vemos en el ejemplo anterior, muchas de las soluciones a nuestros problemas pueden venir precisamente en sentido opuesto a lo que nos dice la lógica o el sentido común. Ahora bien, para ser buenos utilizando este tipo de pensamiento, debemos estar atentos para no descartar las soluciones simplemente por no apegarse a la forma tradicional de pensar.
Se cuenta una anécdota que ocurrió hace algunos años en la Ciudad de México. Unos políticos trajeron a Edward de Bono, originador del concepto del pensamiento lateral, para que los asesorara a resolver el problema de la falta de vías de comunicación amplias. Pidió que lo llevaran por una de ellas, que es El Viaducto Miguel Alemán, y al siguiente día ya tenía la respuesta al problema. Antes de darles la solución, pidió que le pagaran, (por aquello de la mala fama), lo cual hicieron los que lo contrataron y él les dio la solución. Les dijo que con su respuesta, el Viaducto incrementaría en 50 % su capacidad. La solución que les dio fue: “incrementar un carril más al Viaducto”. Desde entonces, dicha vía tiene tres carriles y el señor De Bono se llevó una buena cantidad de pesos por su recomendación.
Como vemos en este ejemplo, muchas de las soluciones a los problemas están a la vista de todos, pero hay que ver el mundo de manera diferente y encontrar respuestas aunque sean ilógicas.
Características del pensamiento lateral.
Podemos enriquecer nuestros métodos para resolver problemas en la vida si aplicamos dos fases: la primera, la del pensamiento lateral, como una forma de usar la información, las sensaciones y los estímulos que llegan a la mente para mezclarlos y generar muchas ideas y conceptos que puedan parecer descabellados. En la segunda fase, se “doman” y pulen las ideas locas y se analizan desde una perspectiva racional y lógica.
En la fase de pensamiento lateral, no debemos usar dogmas o reglas del pensamiento lógico; no debemos acatar las creencias de las “formas tradicionales” o de los caminos únicos para resolver las situaciones. Cuando pensemos “lateralmente”, debemos seguir una dirección diferente a la que siguen las personas por el camino lógico-vertical. El pensamiento lateral tiene como objetivo generar nuevas ideas y nuevos caminos para ver las cosas. También contribuye a liberar la mente del efecto restrictivo de las ideas y modelos anticuados que ya están muy arraigados en los canales cerebrales y, por lo tanto, dificultan la manera de pensar más creativamente.
Otra de las finalidades de esta forma de pensamiento es buscar deliberadamente los enfoques menos obvios para solucionar problemas y retos; busca incluso los enfoques que vayan en sentido exactamente opuesto a lo que dicte la lógica o el sentido común. También busca que las personas se acostumbren a generar antes que nada una gran cantidad de caminos alternativos de solución en lugar de lo que comúnmente se hace ya como hábito: seguir por el primer camino que se vislumbra, el cual por flojera se ve como el más lógico o fácil.
Para poner en práctica el pensamiento lateral hay que considerar o aplicar procesos mentales donde intervengan la perspicacia, el humor, el ingenio, los chistes, incluso el vocabulario de “doble sentido” o los albures, entre otros. También es recomendable usar muchas metáforas, analogías, anécdotas, parábolas, fábulas, etcétera. A este respecto, los mexicanos nos pintamos solos y tenemos muchos ejemplos de personas que nos regalan frases, dichos y formas de pensar que son ejemplo del pensamiento lateral.
A continuación se citan algunas frases del libro: Armando Hoyos (del comediante Eugenio Derbez):
• Si el hombre que no trabaja se hace buey…. El buey que no trabaja, ¿se hace hombre?
• Si el lobo se comió a la abuelita…. ¿Caperucita pasa a ser su nieta?
• Si el pitcher te poncha….. ¿te casas con él?
• El padrino ….. ¿le bautizó el chiquito a la comadre?
• El amor en la familia…. ¿se da en el padre? ¿o se da en la madre?
También tenemos ejemplos de la obra de Ramón Durón Ruiz: El Filósofo de Güemez (Güemez es una población cercana a Ciudad Victoria, Tamaulipas):
“Nada es estable en la vida
porque todito es pintado,
nomás lo pendejo es firme
y nace sin ser sembrado”.
• Pa’que el barco flote….. a fuerza tiene que estar en agua.
• Cuando hay…. hay; cuando no hay…. no hay.
• El que se chingó………. se chingó.
• Tarde…… pero sin sueño.
• Si dos perros van siguiendo una liebre, y el de adelante no la alcanza….. el de atrás menos.
• Si no llueve pa’l día último de este mes……... ya no llovió este mes.
• El que anda de buenas…….. no puede andar de malas….
• Se está muriendo mucha gente que no se había muerto antes…
• Si dos montan un caballo,……. de seguro uno va atrás.
Vemos en los ejemplos anteriores muchas ideas que forman parte del vocabulario popular y que representan nuestra forma de pensar lateralmente y que, ante todo, poseen la picardía y el ingenio de mucha gente.
¿Cómo podemos aplicar esta forma de pensar de una manera más productiva para nosotros?
Quiero finalizar con dos sencillas recomendaciones para aplicarlas cuando nos enfrentemos ante problemas que aparentemente son difíciles de resolver: primero, hay que aclarar perfectamente el nombre del problema y de ser posible, ponerlo por escrito. En segundo lugar, debemos de escribir muchas soluciones que vayan en sentido contrario a la lógica de las cosas, es decir, tratar de “empeorar” dicho problema y cuando ya tengamos muchas de estas respuestas, podremos encontrar alguna que nos sugiera alguna solución definitiva al problema que enfrentamos. Vamos a suponer que ya tenemos escrito el nombre del problema que queremos resolver: “Nuestra ciudad (Yurécuaro), no tiene presupuesto para construir su Museo Municipal”. Entonces para empezar a generar ideas de solución a alguien se le ocurre la primera forma de “empeorar el problema” y que es:
a). “Gastar en una fiesta el poco dinero que ya se ha reunido…”
b)……..
c)………….
Estimado lector ¿a usted se le ocurre alguna forma de “empeorar el problema”?.
Si la tiene por favor mándenosla a: cazadordelaverdad@hotmail.com
jueves, 3 de febrero de 2011
Resistencia o “resiliencia” al cambio.
Comúnmente, en nuestras pláticas, hablamos de “resistencia al cambio” al referirnos a personas que se oponen a alguna nueva forma de hacer las cosas. Por ejemplo, si en el país se determina cambiar el horario de verano para ahorrar energía, aparecen muchos mexicanos que se niegan a aceptar tal decisión. O también, si en nuestra ciudad, para mejorar el tránsito en nuestras calles, se determina cambiarles el sentido, inmediatamente surgen muchas personas que dicen: ¡NO!
Es en esas ocasiones en que decimos que hay “resistencia al cambio” porque según nuestro juicio, hay otras personas que se oponen al progreso o al cambio. Este fenómeno se ha presentado en la humanidad desde sus inicios y simplemente recordemos que Adán y Eva dijeron ¡no! a la orden de no comer los frutos del Árbol del Bien y del Mal. Por otro lado, también debemos comprender que esta resistencia al cambio seguirá en el mundo mientras haya seres humanos que tienen la capacidad de elegir entre diferentes formas de pensar y actuar.
Sobre el anterior tema se han escrito infinidad de teorías y tratados por lo que saldría sobrando otro más; por lo tanto, dedicaremos estas líneas a analizar el concepto de “resiliencia” y la utilidad que nos puede aportar.
La palabra resiliencia (aparentemente aun no está reconocida por la Real Academia Española), tiene su origen en el latín cuyo término resilio significa volver atrás y de allí se originó la palabra en inglés resilience.
El término se empezó a utilizar en la física definiéndolo como la capacidad que tienen los materiales que son sometidos a calor, golpes o presión y posteriormente, recuperaran su forma inicial pero mejorada debido a su elasticidad o flexibilidad. En este sentido, se dice que el metal que es sometido a calor hasta deformarse y luego se enfría para hacerse más fuerte, es resiliente. Este proceso es el que se le da al acero templado.
Posteriormente, el concepto fue adoptado por diferentes científicos en muchos campos de la medicina, la sociología y la psicología entre otros. De lo anterior, podemos reflexionar sobre varios enfoques bajo los que podemos ver este fenómeno.
LAS PERSONAS QUE SON RESILIENTES. En 1992 E. Werner y R. Smith publicaron un estudio que aplicaron en Hawai donde habían observado a lo largo de 40 años a 502 individuos que habían nacido y vivido en situación de pobreza y adversidad. De ellos, muchos llegaron a la edad adulta con claros signos de fracaso y derrota personal pero otros salieron adelante a pesar de todo y a éstos los identificaron como personas resilientes. Detectaron en ellas algunas características distintivas como: conocían y controlaban sus emociones; eran más autónomas y tenían sentido del humor; poseían una alta autoestima y eran muy empáticas (sabían escuchar y eran sensibles a los sentimientos de los demás). También descubrieron que durante la infancia y juventud, las personas resilientes habían contado con el apoyo de cuando menos un adulto que las había comprendido y aceptado incondicionalmente. Otros científicos descubrieron otras características imprescindibles en la gente resiliente como la de ser persistente. En este sentido, citan el viejo mito de Sísifo hijo de Eolo y rey de Corinto que estuvo condenado a empujar eternamente una pesada roca cuesta arriba de una montaña y ya cuando parecía que iba a llegar a la cima, la roca rodaba al punto de partida y Sísifo persistentemente, volvía a empujarla hacia arriba sin dejarse derrotar. Otra característica que debe poseer una persona resiliente es la de poseer un sentido y propósito en su vida; esto le permite sobreponerse a todas las situaciones adversas y salir no solamente a salvo sino también transformado a causa de la experiencia vivida ya que todos somos capaces de hacer grandes esfuerzos cuando luchamos por algo que merece la pena. Finalmente podemos agregar que los expertos en este tema dicen que esta capacidad forma parte de la Teoría de la Evolución de las especies y que ha permitido sobrevivir solamente a los individuos resilientes, o más aptos, y que finalmente dieron origen a la especie del homo sapiens actual.
Desde el punto de vista organizacional, podemos decir que una empresa o institución es resiliente cuando posee la capacidad de resistir a la incertidumbre, a las crisis, a los cambios y situaciones conflictivas y aprender de esas experiencias aprovechándolas como camino hacia el progreso y no solamente como mecanismo de supervivencia. Las personas de las organizaciones actuales, deben entender que la nueva actitud se basa en buscar deliberadamente las innovaciones y cambios y aceptar que junto con ellos vendrán conflictos que deberán confrontarse y solucionarse lo cual causará dolor y traumas físicos y psicológicos pero que redituarán en aprendizajes que ayudan a ser personas y organizaciones más templadas y resilientes que permitirá sobrevivir en este mundo tan competido.
Las personas no solamente debemos resistirnos a los cambios sino que debemos buscarlos porque implican riesgos, tribulaciones y situaciones adversas que al enfrentarlas nos servirán para templar y fortalecer nuestro carácter y nos harán más aptos para solucionar cualquier contingencia futura que se presente, por difícil que pueda ser. Esa fortaleza y templanza de carácter lo heredaremos a nuestros hijos y a toda la gente que nos rodea y por lo tanto, contribuirá a hacer una sociedad más resiliente y preparada donde sus miembros podrán enfrentar retos más demandantes. Suena un tanto frío el comentario, pero dentro de la selección natural de las especies, debemos entender que solo sobrevivirán las que estén más preparadas para enfrentar las condiciones que, como vemos ahora, se están haciendo más difíciles cada día. La lucha por los empleos disponibles en las organizaciones, la ganarán las personas más competentes. A su vez, las organizaciones sobrevivirán solamente las que se preparen para ser más resilientes y puedan mantener satisfechos a sus clientes cuyas exigencias se van incrementando conforme avanza este nuevo siglo y milenio.
Finalmente, quiero citar aquí “La Plegaria de los Paracaidistas” de Zirnheld y que considero puede ser el himno de las personas resilientes.
Plegaria de los paracaidistas
Dame Señor, lo que tienes todavía;
Dame lo que nadie reclama.
No te pido riqueza, ni éxito,
Ni siquiera te pido salud:
La gente te pide todo eso con tanta frecuencia, Señor,
Que ya no te debe quedar más.
Dame Señor, lo que todavía tienes;
Dame lo que la gente se niega a aceptar de Ti.
Quiero la inseguridad y el desasosiego,
Quiero el tumulto y la lucha.
Y si me los concedes, Señor,
De una vez por todas asegúrame que los conservaré,
Porque no siempre tendré el coraje de pedírtelo.
Zirnheld
Es en esas ocasiones en que decimos que hay “resistencia al cambio” porque según nuestro juicio, hay otras personas que se oponen al progreso o al cambio. Este fenómeno se ha presentado en la humanidad desde sus inicios y simplemente recordemos que Adán y Eva dijeron ¡no! a la orden de no comer los frutos del Árbol del Bien y del Mal. Por otro lado, también debemos comprender que esta resistencia al cambio seguirá en el mundo mientras haya seres humanos que tienen la capacidad de elegir entre diferentes formas de pensar y actuar.
Sobre el anterior tema se han escrito infinidad de teorías y tratados por lo que saldría sobrando otro más; por lo tanto, dedicaremos estas líneas a analizar el concepto de “resiliencia” y la utilidad que nos puede aportar.
La palabra resiliencia (aparentemente aun no está reconocida por la Real Academia Española), tiene su origen en el latín cuyo término resilio significa volver atrás y de allí se originó la palabra en inglés resilience.
El término se empezó a utilizar en la física definiéndolo como la capacidad que tienen los materiales que son sometidos a calor, golpes o presión y posteriormente, recuperaran su forma inicial pero mejorada debido a su elasticidad o flexibilidad. En este sentido, se dice que el metal que es sometido a calor hasta deformarse y luego se enfría para hacerse más fuerte, es resiliente. Este proceso es el que se le da al acero templado.
Posteriormente, el concepto fue adoptado por diferentes científicos en muchos campos de la medicina, la sociología y la psicología entre otros. De lo anterior, podemos reflexionar sobre varios enfoques bajo los que podemos ver este fenómeno.
LAS PERSONAS QUE SON RESILIENTES. En 1992 E. Werner y R. Smith publicaron un estudio que aplicaron en Hawai donde habían observado a lo largo de 40 años a 502 individuos que habían nacido y vivido en situación de pobreza y adversidad. De ellos, muchos llegaron a la edad adulta con claros signos de fracaso y derrota personal pero otros salieron adelante a pesar de todo y a éstos los identificaron como personas resilientes. Detectaron en ellas algunas características distintivas como: conocían y controlaban sus emociones; eran más autónomas y tenían sentido del humor; poseían una alta autoestima y eran muy empáticas (sabían escuchar y eran sensibles a los sentimientos de los demás). También descubrieron que durante la infancia y juventud, las personas resilientes habían contado con el apoyo de cuando menos un adulto que las había comprendido y aceptado incondicionalmente. Otros científicos descubrieron otras características imprescindibles en la gente resiliente como la de ser persistente. En este sentido, citan el viejo mito de Sísifo hijo de Eolo y rey de Corinto que estuvo condenado a empujar eternamente una pesada roca cuesta arriba de una montaña y ya cuando parecía que iba a llegar a la cima, la roca rodaba al punto de partida y Sísifo persistentemente, volvía a empujarla hacia arriba sin dejarse derrotar. Otra característica que debe poseer una persona resiliente es la de poseer un sentido y propósito en su vida; esto le permite sobreponerse a todas las situaciones adversas y salir no solamente a salvo sino también transformado a causa de la experiencia vivida ya que todos somos capaces de hacer grandes esfuerzos cuando luchamos por algo que merece la pena. Finalmente podemos agregar que los expertos en este tema dicen que esta capacidad forma parte de la Teoría de la Evolución de las especies y que ha permitido sobrevivir solamente a los individuos resilientes, o más aptos, y que finalmente dieron origen a la especie del homo sapiens actual.
Desde el punto de vista organizacional, podemos decir que una empresa o institución es resiliente cuando posee la capacidad de resistir a la incertidumbre, a las crisis, a los cambios y situaciones conflictivas y aprender de esas experiencias aprovechándolas como camino hacia el progreso y no solamente como mecanismo de supervivencia. Las personas de las organizaciones actuales, deben entender que la nueva actitud se basa en buscar deliberadamente las innovaciones y cambios y aceptar que junto con ellos vendrán conflictos que deberán confrontarse y solucionarse lo cual causará dolor y traumas físicos y psicológicos pero que redituarán en aprendizajes que ayudan a ser personas y organizaciones más templadas y resilientes que permitirá sobrevivir en este mundo tan competido.
Las personas no solamente debemos resistirnos a los cambios sino que debemos buscarlos porque implican riesgos, tribulaciones y situaciones adversas que al enfrentarlas nos servirán para templar y fortalecer nuestro carácter y nos harán más aptos para solucionar cualquier contingencia futura que se presente, por difícil que pueda ser. Esa fortaleza y templanza de carácter lo heredaremos a nuestros hijos y a toda la gente que nos rodea y por lo tanto, contribuirá a hacer una sociedad más resiliente y preparada donde sus miembros podrán enfrentar retos más demandantes. Suena un tanto frío el comentario, pero dentro de la selección natural de las especies, debemos entender que solo sobrevivirán las que estén más preparadas para enfrentar las condiciones que, como vemos ahora, se están haciendo más difíciles cada día. La lucha por los empleos disponibles en las organizaciones, la ganarán las personas más competentes. A su vez, las organizaciones sobrevivirán solamente las que se preparen para ser más resilientes y puedan mantener satisfechos a sus clientes cuyas exigencias se van incrementando conforme avanza este nuevo siglo y milenio.
Finalmente, quiero citar aquí “La Plegaria de los Paracaidistas” de Zirnheld y que considero puede ser el himno de las personas resilientes.
Plegaria de los paracaidistas
Dame Señor, lo que tienes todavía;
Dame lo que nadie reclama.
No te pido riqueza, ni éxito,
Ni siquiera te pido salud:
La gente te pide todo eso con tanta frecuencia, Señor,
Que ya no te debe quedar más.
Dame Señor, lo que todavía tienes;
Dame lo que la gente se niega a aceptar de Ti.
Quiero la inseguridad y el desasosiego,
Quiero el tumulto y la lucha.
Y si me los concedes, Señor,
De una vez por todas asegúrame que los conservaré,
Porque no siempre tendré el coraje de pedírtelo.
Zirnheld
La Camisa del hombre feliz
A media mañana entró don Fulano de Tal, con una amplia sonrisa, a la flamante “Clínica Desestresante Mevale”, ubicada en uno de los mejores rumbos de la ciudad. Lo recibió Zutanita, quien también, con una amplia sonrisa y unas amabilísimas manos, le toma sus datos y también unos cuantos billetes de cien pesos, que es la cuota normal, por una sesión terapéutica relajante. Zutanita, conduce a don Fulano hasta un flamante consultorio donde el Dr. Menga Nos Turreyno, está terminando de preparar sus menjurjes y le señala el perchero donde puede colocar su camisa, ya que la sesión se llevará a cabo sin dicha prenda. Enseguida, el Dr. Menga recuesta a don Fulano en un blando camastro y le pide se ponga boca abajo. Después se dirige a su aparato reproductor de música y programa varias melodías que contienen temas serenos y pausados iniciando a tocar el “Canon en D de Pachelbel”. Luego enciende una varita de oloroso incienso, el cual se esparce por todo el consultorio. El doctor regresa a donde está don Fulano, quien ya para entonces tiene su sonrisa más acentuada, y empieza a aplicar en la espalda un aceite aromático al mismo tiempo que le pide que ponga mucha atención a la pieza musical que esta oyendo, y se concentre solo en el ritmo del violonchelo, manteniendo también los ojos cerrados al mismo tiempo que respira rítmica y profundamente. Un rato después, don Fulano ya muestra en su cara una expresión de éxtasis, al mismo tiempo que el Dr. Menga, muestra signos de incredulidad como preguntándose cómo es posible que aun antes de haber iniciado el masaje terapéutico, su paciente está tan feliz. Sin embargo, eso no le impide hacer los primeros movimientos en la espalda de don Fulano. Pasado un rato, las cosas iban bastante bien, el incienso seguía haciendo su labor calmante; la melodía continuaba en base al rítmico sonar con el violonchelo llevando la pauta; don Fulano seguía respirando pausadamente hasta que al doctor Menga se le ocurrió, simplemente por hacer plática, hacer la siguiente pregunta:
- ¿Y cómo le va a usted don Fulano?
Y el aludido, también por hacer plática, comenzó una larga letanía de bendiciones que le estaban ocurriendo:
- Por el lado del negocio, tengo muchísimos clientes que compran mis productos porque están hechos con calidad de primera; esto se debe a que mis empleados están bien pagados y tanto jefes como subordinados, nos vemos como una gran familia y trabajamos verdaderamente en equipo. Mis proveedores están felices porque les pago lo justo y a tiempo. Ya hemos comenzado a exportar a varios países y además, estoy cumpliendo como se debe con mis impuestos. Como el negocio va tan bien, ya me han hablado varios inversionistas porque quieren asociarse conmigo. En pocas palabras, tengo asegurado el futuro de varias generaciones de mi familia.
Para esto, conforme don Fulano iba hablando sin parar, el Dr. Menga en lugar de sobarle suavemente la espalda, le daba golpes que poco a poco iban subiendo de intensidad como si los diera con coraje. Llegó un momento en que don Fulano se empezó a preocupar de los golpes que estaba recibiendo pero consideraba que eran parte del “masaje tarasco” que el doctor Menga tanto pregonaba en su volantes publicitarios por lo que continuó diciendo: …. Y en mi vida familiar, fíjese que mi esposa es un encanto y me ama intensamente. Mis hijos, todos me han salido muy respetuosos y van por el camino en que los hemos formado y no nos dan problemas y tanto en las escuelas a donde van como los amigos que frecuentan, solo hablan felicitándonos por sus buenos resultados.
Y mientras don Fulano seguía relatando todas las cosas buenas que le ocurrían en la vida, el doctor Menga se iba mostrando visiblemente estresado y le aplicaba golpes más contundentes. Al mismo tiempo que esto ocurría, la pieza suave de Pachelbel se había terminado y ya iba muy avanzado El Bolero de Ravel con su monótona enjundia que hacía que el doctor lanzara golpes más rabiosos y que su cara amable se transformara en un rostro lleno de furia y resentimiento contra el hombre al que tan felizmente lo había tratado la vida.
Poco tiempo después, don Fulano sintió unos terribles golpes tanto en los riñones como en el hígado que lo hicieron levantarse bruscamente del camastro al mismo tiempo que exclamaba: ¡¿Qué chingados le pasa!?
El doctor Menga nada contestó y solo seguía lanzando golpes como si estuviera casi por noquear a su oponente dentro de un cuadrilátero boxístico. De no ser por Zutanita que entró espantada a la habitación, hubiera tendido en el suelo a don Fulano, quien solamente atinó a salir huyendo medio desnudo de la Clínica Desestresante Mevale.
Zutanita, con su cara de asombro, solo atinaba a mirar sorprendida al doctor Menga quien, tenía en sus manos la camisa de don Fulano y había salido de la clínica para ver cómo su paciente se perdía a la distancia.
Con la prenda en las manos, el doctor recordó un cuento que había escuchado en su infancia y que trataba de un rey que estaba a punto de morir de tristeza y a quien sus doctores, le habían recetado que para salvarse, tenía que vestirse con la camisa de un hombre feliz. El rey anduvo por todo su reino en busca de tal hombre y cuando se paraba a preguntar a todo aquel que se encontraba si era feliz, tenía que continuar su camino porque todos respondían con un ¡no! rotundo. Por fin, un día pasó junto a una humilde choza, dentro de la cual se oía que cantaba felizmente un hombre. Como la puerta de la vivienda estaba cerrada, desde fuera, el rey le preguntó:
- ¿Eres feliz, buen hombre?
A lo que el hombre contestó:
-¡Tengo todo y la vida me ha hecho feliz!
Entonces el rey, pensó que su búsqueda había terminado y ya podía curar su tristeza y salvar la vida. Le preguntó entonces:
- ¿Me puedes vender tu camisa?
A esta pregunta, el rey solo obtuvo por respuesta un profundo silencio dentro de la choza y como pasaba el tiempo y ya estaba desesperado por vestirse con la camisa del hombre feliz, se atrevió a mirar por la ventana. Quedó sorprendido cuando en el interior, el hombre sonreía mostrándole que iba vestido solamente con un pequeño calzón de manta.
Finalmente el doctor Menga se quitó su flamante bata y se vistió con la camisa de don Fulano. Sonriendo, se dirigió a la entrada de su clínica y mirando hacia el letrero, le dijo a Zutanita:
- ¡Necesitamos cambiar el giro de este negocio!
- ¿Y cómo le va a usted don Fulano?
Y el aludido, también por hacer plática, comenzó una larga letanía de bendiciones que le estaban ocurriendo:
- Por el lado del negocio, tengo muchísimos clientes que compran mis productos porque están hechos con calidad de primera; esto se debe a que mis empleados están bien pagados y tanto jefes como subordinados, nos vemos como una gran familia y trabajamos verdaderamente en equipo. Mis proveedores están felices porque les pago lo justo y a tiempo. Ya hemos comenzado a exportar a varios países y además, estoy cumpliendo como se debe con mis impuestos. Como el negocio va tan bien, ya me han hablado varios inversionistas porque quieren asociarse conmigo. En pocas palabras, tengo asegurado el futuro de varias generaciones de mi familia.
Para esto, conforme don Fulano iba hablando sin parar, el Dr. Menga en lugar de sobarle suavemente la espalda, le daba golpes que poco a poco iban subiendo de intensidad como si los diera con coraje. Llegó un momento en que don Fulano se empezó a preocupar de los golpes que estaba recibiendo pero consideraba que eran parte del “masaje tarasco” que el doctor Menga tanto pregonaba en su volantes publicitarios por lo que continuó diciendo: …. Y en mi vida familiar, fíjese que mi esposa es un encanto y me ama intensamente. Mis hijos, todos me han salido muy respetuosos y van por el camino en que los hemos formado y no nos dan problemas y tanto en las escuelas a donde van como los amigos que frecuentan, solo hablan felicitándonos por sus buenos resultados.
Y mientras don Fulano seguía relatando todas las cosas buenas que le ocurrían en la vida, el doctor Menga se iba mostrando visiblemente estresado y le aplicaba golpes más contundentes. Al mismo tiempo que esto ocurría, la pieza suave de Pachelbel se había terminado y ya iba muy avanzado El Bolero de Ravel con su monótona enjundia que hacía que el doctor lanzara golpes más rabiosos y que su cara amable se transformara en un rostro lleno de furia y resentimiento contra el hombre al que tan felizmente lo había tratado la vida.
Poco tiempo después, don Fulano sintió unos terribles golpes tanto en los riñones como en el hígado que lo hicieron levantarse bruscamente del camastro al mismo tiempo que exclamaba: ¡¿Qué chingados le pasa!?
El doctor Menga nada contestó y solo seguía lanzando golpes como si estuviera casi por noquear a su oponente dentro de un cuadrilátero boxístico. De no ser por Zutanita que entró espantada a la habitación, hubiera tendido en el suelo a don Fulano, quien solamente atinó a salir huyendo medio desnudo de la Clínica Desestresante Mevale.
Zutanita, con su cara de asombro, solo atinaba a mirar sorprendida al doctor Menga quien, tenía en sus manos la camisa de don Fulano y había salido de la clínica para ver cómo su paciente se perdía a la distancia.
Con la prenda en las manos, el doctor recordó un cuento que había escuchado en su infancia y que trataba de un rey que estaba a punto de morir de tristeza y a quien sus doctores, le habían recetado que para salvarse, tenía que vestirse con la camisa de un hombre feliz. El rey anduvo por todo su reino en busca de tal hombre y cuando se paraba a preguntar a todo aquel que se encontraba si era feliz, tenía que continuar su camino porque todos respondían con un ¡no! rotundo. Por fin, un día pasó junto a una humilde choza, dentro de la cual se oía que cantaba felizmente un hombre. Como la puerta de la vivienda estaba cerrada, desde fuera, el rey le preguntó:
- ¿Eres feliz, buen hombre?
A lo que el hombre contestó:
-¡Tengo todo y la vida me ha hecho feliz!
Entonces el rey, pensó que su búsqueda había terminado y ya podía curar su tristeza y salvar la vida. Le preguntó entonces:
- ¿Me puedes vender tu camisa?
A esta pregunta, el rey solo obtuvo por respuesta un profundo silencio dentro de la choza y como pasaba el tiempo y ya estaba desesperado por vestirse con la camisa del hombre feliz, se atrevió a mirar por la ventana. Quedó sorprendido cuando en el interior, el hombre sonreía mostrándole que iba vestido solamente con un pequeño calzón de manta.
Finalmente el doctor Menga se quitó su flamante bata y se vistió con la camisa de don Fulano. Sonriendo, se dirigió a la entrada de su clínica y mirando hacia el letrero, le dijo a Zutanita:
- ¡Necesitamos cambiar el giro de este negocio!
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